Como bien hemos visto en post anteriores, el bordado constituye un elemento más de la cultura de una región, como puede ser la gastronomía, la pintura y otras manifestaciones artísticas, pues define a sus gentes y es un pedazito más de su historia por el cual debemos luchar por mantener y proteger.

 

En el post de hoy hablaremos de los bordados nacionales, que nos tocan muy de cerca y que estamos seguros de que muchos de vosotros identificáis y habéis visto incluso en casas de abuelos o en pueblos.

 

El bordado español o isabelino fue introducido por la corte inglesa de Enrique VIII, en concreto por la infanta Catalina de Aragón, en su boda con el príncipe Arturo y posterior matrimonio con Enrique VIII.

 

Son muchos los escritos que hablan de que la reina, al morir, dejó 16 anas de encaje negro español.

 

En el siglo XVI los bordados se hacían sobre tela de lino y usando hilo de seda, principalmente de colores rojo o negro. Los motivos son generalmente muy pequeños, casi detalles en las prendas y los patrones se repiten mediante bandas o cuadrados o también formando rellenos de otros motivos o dibujos más grandes.

 

La técnica del bordado se basa en el uso de puntos contados, como también lo encontramos en el punto de cruz, tan practicado todavía en nuestros días. Y es que es esta puntada o la de zurzido de estrella o pespunte sencillo la que más se repite.

 

El bordado español es muy sencillo en su ejecución, ya que las geometrías básicas son las más frecuentes, y es por esta razón que las telas debían ser así mismo sencillas y de tramas muy regulares para facilitar el bordado. Por ello los textiles eran muy humildes y destacaba el dibujo bordado.

 

Aunque la diversidad de colores en los trabajos fue introducida mucho más adelante, sí que era posible ver matices de los colores negros o rojos en las telas, según la densidad de las puntadas: si éstas eran mayores encontramos negros uniformes y si éstas eran más sencillas se podrían incluso percibir tonos de gris y la trama del dibujo.

 

En los trajes los motivos se encontraban principalmente en los bordes de los puños o cuellos de las camisas, y es lo que más destaca a día de hoy por ejemplo en los trajes regionales segovianos. En algunos Palacios Reales o museos podemos ver retratos o pinturas en los que el bordado isabelino o español está presente, como el retrato de Isabel la Católica en el Palacio Real de Madrid, en el escote de la camisa.