Aunque en artículos anteriores hablábamos de que la historia de los bordados es larga e intensa, no lo es tanto la de las máquinas de coser y la automatización de la costura tanto a nivel industrial como doméstico. Y sin embargo la aparición de éstas primeras máquinas de coser facilitó la vida a millones de personas y contribuyó a la revolución industrial europea y a la exportación masiva de sedas, algodón y otros materiales desde lejanos continentes.

 

No es una aparición tan antigua, ya que todavía en 1800 las prendas eran cosidas a mano, con aguja e hilo se confeccionaban pantalones, vestidos, zapatos… Pero en 1846, Elias Howe descubrió una nueva y revolucionaria manera de confeccionar ropa: patentó la primera máquina de coser haciendo posible la producción masiva de ropa en una escala mucho mayor a todo lo anterior.

 

Pero es cierto, que las máquinas de coser a nivel industrial ya habían aparecido como demuestran algunas patentes en Inglaterra (1755), Austria (1819), EEUU (1826) y Francia (1830). A partir de entonces todo fueron mejorar que revolucionaron la forma en que se concebía la confección de textiles: máquinas con doble aguja, otras para coser el cuero con facilidad.

 

En 1851, Isaac Merritt Singer, maquinista de Boston, introdujo la primera máquina de coser doméstica. Hasta 1854 no se publicó la patente, pero las primeras utilizaban el mismo sistema que inventó Elias Howe.

 

A partir de la década de 1850, cada vez más y más compañías se formaban y empezaban las demandas por hacerse con el control de las patentes, incluso Howe presentó una demanda contra Singer por violación de la patente, y ganó.

 

Poco a poco se combinaron las patentes, y los demás fabricantes tenían que pagar 15$ por máquina. Esto duró hasta 1877 cuando expiró la última patente y se fundó la Singer Sewing Machine Company, convirtióndose en uno de los mayores fabricantes mundiales de máquinas de coser. La primera máquina de coser eléctrica de Singer para uso doméstico fue introducida en 1889.