Como ya comentábamos en publicaciones anteriores de nuestro blog, el bordado, una técnica artística milenaria, lucha en muchas regiones del mundo por encontrar el reconocimiento que merece, para que no se pierda entre generaciones y conforme, junto con otros elementos culturales como puede ser un dialecto o gastronomía local, patrimonio de una comunidad de un país o región.

El municipio murciano de Lorca ya consta con asociaciones que defienden el arte de un bordado muy característico de dicha región. Lo mismo ocurre con otras regiones, como de la que hablaremos a continuación en este post: el bordado tradicional de la comunidad húngara de matyó.

El arte popular de esta pequeña comunidad católica-romana de la ciudad de Mezokövesd, situada al noreste de Hungría, ya forma parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde el año 2012 (lista por la que la comunidad del bordado lorquino lucha aparecer).

Los bordados matyó destacan por la utilización de motivos florales y decoraciones de objetos, que forman parte de la indumentaria tradicional de la población de esta localidad y que lucen en celebraciones populares como danzas y cantos.
Si bien es cierto que los bordados y las flores han constituido trajes regionales de muchas comunidades a lo largo de los años, pero en este caso, el bordado alberga un trasfondo histórico de gran importancia para su población, y es que estos motivos y ornamentaciones florales han constituido al fortalecimiento de la autoestima y la identidad de la comunidad matyó, que además de utilizarlos en su vestimenta, también los han llevado a otros elementos como decoración de interiores, moda e incluso en la arquitectura.

No fue hasta 1991 cuando se fundó la Asociación de Arte Popular Matyó para fortalecer la transmisión de este elemento cultural casi ancestral enseñando la técnica del bordado y organizando eventos y espectáculos culturales situando al bordado como protagonista. Ahora todo el mundo puede acceder a los conocimientos aprendiendo de artesanos.

En el propio Conjunto de Baile Folclórico húngaro, los bailarines lucen trajes finamente bordados, contribuyendo así a la perdurabilidad de la cultura y el bordado matyó.

Gracias a difusiones como estas podemos afirmar que la práctica del bordado fortalece las relaciones entre personas y la cohesión entre comunidades así como a la extensión de las expresiones artísticas individuales.